El disparate cósmico de Einstein

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Allá por 1917, los astrofísicos –Einstein incluido- creían que la Vía Láctea flotando en el vacío era todo el Universo. Trescientos siglos antes, Galileo Galilei suscribió a Copérnico y sostuvo que era el Sol y no la Tierra, el centro de un Universo de 7 planetas.  Ambos científicos antiguos fueron desautorizados por el Santo Oficio y Galileo fue condenado a prisión perpetua, mientras gritaba Eppur si mouve! (“y sin embargo se mueve!”, refiriéndose a la Tierra).

Más adelante, Einstein no sufriría cárcel pero sí el ridículo, para él aún más doloroso que ser quemado en la hoguera.

La creencia de una galaxia solitaria con un equilibrio intrínseco, llevó a Einstein a “corregir” una de sus ecuaciones de campo gravitacional, para “forzar” su modelo dinámico a una solución estática. El famoso físico se sacó de la manga una variable arbitraria llamada la constante cosmológica y la introdujo en el modelo para conseguir la solución que en ese momento requería. Estática aunque inestable.

Algunos científicos como Alexander Friedman y Georges Lemaître refutaron la solución dada por Einstein y presentaron variantes matemáticas que mostraban un Universo en expansión. Einstein despreció esos resultados. En su obcecación por violentar su propio modelo, Einstein no reparó en que su ecuación dinámica original era correcta.

En 1924 Edwin Hubble, con su telescopio magnífico, encontró más galaxias en el firmamento. Y luego descubrió que esas galaxias se están alejando de nosotros. Afortunadamente no fue juzgado ni condenado ni mucho menos quemado por esos descubrimientos, los cuales negaban la existencia de una única galaxia y un Universo estático. Pero sus hallazgos evidenciaron al gran Einstein, como gritándole a la cara: “¡Y sin embargo se mueve!” (el universo entero).

Naturalmente, fue la nota del momento y según el biógrafo Walter Isaacson en su obra “Einstein, His Life and Universe” (Random House Mondadori, 2008), Einstein fue ridiculizado por la prensa popular.

Einstein corrió a corroborar con sus propios ojos lo observado por Hubble y no lo quemó en la hoguera, más bien reconoció su error. Mencionó con humor que la constante cosmológica fue el mayor disparate de su vida (“It was the biggest blunder of my life”).

¡Y vaya que fue un disparate! De haber confiado en su elegante modelo matemático, aparte de otros méritos Einstein hoy sería reconocido como ¡el inventor de la teoría del Big Bang! O el Einstein Bang, como diría Isaacson en la página 392 de su obra ya mencionada.

Paradójico como toda moraleja, fue el hallazgo reciente de un Universo en expansión, a un ritmo acelerado y sostenido. La constante cosmológica de Einstein se reivindicó y tiene un valor tal que, si fuera diferente “la vida tal como la conocemos sería imposible” según anotó Stephen Hawking en su libro “El Gran Diseño” (Editorial Crítica, 2010, p.184)”.

Esto es: ya muerto, Einstein se equivocó una vez más.

Pero muchos científicos con aciertos menores hubieran preferido tener esos errores cósmicos de Einstein, quien al equivocarse y además reconocerlo, se muestra ante la historia como un grande en la ciencia y también como un simple ser humano.

Hasta la próxima!

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